El legado de 'Nueve semanas y media': de fracaso a clásico del cine erótico

La película protagonizada por Kim Basinger y Mickey Rourke, a pesar de su fracaso inicial, se convirtió en un ícono del cine erótico y un fenómeno cultural.

En la madrugada del set de filmación, resonaba la poderosa voz de Billy Idol interpretando Rebel Yell, mientras el equipo técnico se preparaba para capturar una de las escenas más memorables de la película. La canción, que se convirtió en un símbolo de la década de los 80, era la favorita del actor Mickey Rourke, quien no dudaba en ponerla a todo volumen, ignorando las incomodidades de sus colegas. Mientras tanto, Kim Basinger permanecía en un rincón, sumida en la incertidumbre sobre su desempeño y lo que se esperaba de ella, aguardando la orden de “acción” sin ninguna claridad sobre su papel en el proceso creativo. Era evidente que la atención del director, Adrian Lyne, se centraba en Rourke, dejando a Basinger a un lado, lo que evidenciaba un ambiente de trabajo hostil y de desprecio hacia su figura.

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Nueve semanas y media, hoy reconocida como un ícono del cine erótico, lanzó las carreras de sus protagonistas y estableció a Basinger y Rourke como símbolos de sensualidad en el cine de aquella época. A pesar de su impacto cultural, cuando la película se estrenó el 21 de febrero de 1986, hace 40 años, experimentó un fracaso rotundo tanto en la crítica como en taquilla, recaudando solamente 6 millones de dólares, una cifra que representaba apenas un tercio de su elevado presupuesto.

El estruendoso fracaso no sorprendió a la industria cinematográfica, ya que el lanzamiento había sido retrasado en un año, durante el cual se realizaron exhaustivas sesiones de edición y pruebas de audiencia. Estas últimas, lejos de ser exitosas, resultaron en una recepción negativa donde los espectadores abandonaban las salas antes de finalizar la proyección, algunos incluso manifestando su descontento de manera agresiva. La incomodidad fue palpable, con ejecutivos del estudio visiblemente estresados, y en una de las funciones Adrian Lyne optó por refugiarse en la cabina de proyección, evitando el contacto con un público hostil.

Este descalabro inicial motivó a los productores a acelerar el lanzamiento en el incipiente mercado de video, donde se vislumbraba una oportunidad de rescate financiero. Para ello, se añadieron escenas sexuales que habían sido previamente censuradas, con la esperanza de atraer a un público más amplio y capitalizar el interés por el contenido erótico que la película había prometido. La estrategia resultó ser efectiva, y rápidamente la película comenzó a generar ingresos considerables en formato casero.

Con el tiempo, Nueve semanas y media adquirió un estatus de culto, transformándose en una referencia dentro del género erótico y estableciendo un estándar para futuras producciones. Su música, además, se asoció inextricablemente con la sensualidad y el striptease, consolidando su legado en la cultura popular. Las escenas más provocativas fueron imitadas por varias generaciones, reafirmando su influencia en el imaginario colectivo.

A medida que la película fue ganando notoriedad en el ámbito del video, el público comenzó a reevaluar su contenido. Este cambio de percepción no solo revitalizó el interés en la obra, sino que también propició un análisis más profundo acerca de las dinámicas de género y poder presentes en la narrativa. Así, lo que inicialmente fue visto como un fracaso, se ha transformado en una celebración de la libertad sexual y la exploración de la intimidad.