Impacto del aire acondicionado en alergias estivales: prevención y cuidados

El uso del aire acondicionado y ventiladores puede agravar las alergias en verano, siendo esencial conocer sus efectos y cómo mitigarlos.

Durante la temporada estival, la aparición de estornudos persistentes, congestión nasal, picazón ocular y malestar en la garganta puede inducir a confusión, ya que muchas personas suelen asociar estos síntomas con resfriados estacionales. Sin embargo, en numerosos casos, el origen de este malestar se halla en la calidad del aire respirado en espacios cerrados.

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La utilización intensiva de aire acondicionado y ventiladores durante los meses calurosos se erige como un factor determinante para quienes sufren de alergias respiratorias. Este fenómeno no se debe exclusivamente a la disminución de la temperatura, sino que se relaciona con la circulación de polvo, ácaros, polen y microorganismos que permanecen acumulados en interiores.

El funcionamiento del aire acondicionado se basa en la recirculación del mismo aire del ambiente, sin incorporar aire fresco del exterior. En ausencia de un mantenimiento adecuado, los filtros tienden a convertirse en un reservorio de partículas alergénicas que se dispersan cada vez que el dispositivo se activa.

Adicionalmente, el aire frío y seco puede provocar la deshidratación de las mucosas nasales, comprometiendo así su función defensiva y facilitando la reacción de las vías respiratorias ante alérgenos comunes. Esta interacción resulta en un aumento de la sensibilidad a los irritantes presentes en el entorno.

Por su parte, el ventilador, a menudo percibido como una opción más natural, también puede contribuir a la exacerbación de problemas al mover el aire de manera continua. Este movimiento provoca que el polvo acumulado en el suelo, textiles, alfombras y muebles se eleve, facilitando su inhalación. La falta de limpieza regular de las aspas intensifica este efecto negativo.

Consecuentemente, los síntomas alérgicos tienden a manifestarse o intensificarse durante la noche, en particular cuando el ventilador opera durante extensas horas en el dormitorio. Esta situación representa un desafío significativo para quienes padecen condiciones alérgicas.

La omisión del mantenimiento adecuado constituye uno de los principales detonantes de las alergias estacionales. Los expertos sugieren limpiar los filtros del aire acondicionado cada 15 a 20 días durante los períodos de uso intensivo, así como desinfectar las aspas del ventilador al menos una vez a la semana. Una limpieza básica utilizando agua y detergente neutro puede resultar en una mejora considerable de la calidad del aire interior.

No es preciso sacrificar el confort para proteger la salud. Adoptar hábitos sencillos puede contribuir a minimizar los síntomas: ventilar los espacios diariamente durante al menos 10 a 15 minutos, mantener el aire acondicionado en un rango de 24 a 26 grados para evitar contrastes bruscos, y evitar que el flujo de aire apunte directamente al rostro o al cuerpo. Además, se recomienda limpiar superficies, cortinas y ropa de cama con mayor frecuencia durante el verano, así como priorizar la organización de los ambientes para reducir la acumulación de polvo, que actúa como desencadenante alérgico.

Si los síntomas persisten, empeoran o se repiten cada verano, resulta crucial acudir a un especialista. Muchas personas coexisten con alergias respiratorias sin un diagnóstico adecuado, confundiendo sus episodios con resfriados recurrentes o sensibilidad al frío.