La actriz Margot Robbie cautivó en la alfombra roja con el emblemático collar Taj Mahal, destacando su conexión histórica y emocional.
Margot Robbie deslumbró con el collar Taj Mahal en estreno de Cumbres Borrascosas
Cortesía de minuto1
En el ámbito de la alta joyería, ciertas piezas poseen un valor que supera el peso de sus quilates, convirtiéndose en verdaderos testimonios históricos. El collar Taj Mahal se erige como uno de los máximos exponentes de este fenómeno. Recientemente, esta joya legendaria resurgió de los anales de la historia para deslumbrar en la alfombra roja de Los Ángeles, durante el estreno mundial de la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas. La encargada de portar este tesoro fue la reconocida actriz Margot Robbie, quien logró establecer un puente estético y emocional entre la época dorada de Hollywood y la actualidad.
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La historia de este collar se encuentra intrínsecamente relacionada con uno de los romances más intensos del siglo XX: el de Elizabeth Taylor y Richard Burton. En 1969, con motivo del cuadragésimo cumpleaños de la actriz, Burton le obsequió el icónico diamante Taj Mahal. Esta pieza se distingue por un diamante central tallado en forma de gota que exhibe inscripciones en árabe, enmarcado por una opulenta combinación de rubíes y diamantes menores.
El simbolismo de la joya es significativo, ya que su diseño evoca la devoción romántica del monumento indio homónimo. Para Burton, el regalo simbolizaba un gesto grandioso que unía su amor por el cine y la historia. Por su parte, Taylor no solo aceptó la joya como un accesorio de lujo, sino que la integró plenamente a su identidad. La actriz frecuentemente lucía esta joya en momentos de intimidad y retratos personales, otorgándole un aura de amuletos privados que elevó la pieza a la categoría de mito. Tras su fallecimiento, el collar se ha consolidado como una reliquia valorada actualmente en aproximadamente 8,8 millones de dólares.
La elección de Robbie para exhibir esta pieza en la presentación de Cumbres Borrascosas no fue un evento fortuito. El collar, cargado de una narrativa de profunda intensidad emocional y herencia clásica, sintoniza perfectamente con la atmósfera de la obra de Emily Brontë. En lugar de opacar la joya con un vestuario ostentoso, la actriz australiana optó por una estética serena que permitió que el diamante "hablara" por sí mismo.
Este gesto se alinea con una tendencia creciente en el ámbito del lujo contemporáneo: la revalorización de objetos con memoria. En un mercado caracterizado por la inmediatez, rescatar una pieza que perteneció a Taylor se erige como una declaración de principios sobre la durabilidad del verdadero lujo. La elección de Robbie trasciende lo superficial, convirtiéndose en un acto de celebración cultural y de reconocimiento hacia el legado de figuras icónicas en la historia del cine.
