La nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, jura ante la Asamblea Nacional en medio de expectativas sobre su relación con Estados Unidos.
Delcy Rodríguez asume la presidencia de Venezuela en un contexto incierto
Cortesía de elliberal
Ante la presión ejercida por Donald Trump, quien amenazó con consecuencias peores que las sufridas por Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez ha manifestado su disposición a "colaborar" con la administración estadounidense, lo que podría marcar un cambio drástico en las relaciones entre ambos gobiernos históricamente adversarios.
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Desde 2018, Rodríguez ha ocupado el cargo de vicepresidenta bajo la administración de Maduro, supervisando aspectos cruciales de la economía venezolana, caracterizada por su dependencia del petróleo, así como la gestión del temido servicio de inteligencia del país. Esta trayectoria la coloca en una posición destacada en la línea de sucesión presidencial.
Rodríguez forma parte de un selecto grupo de altos funcionarios que, a pesar de la presión internacional, parece consolidar su control sobre Venezuela. No obstante, la administración de Trump ha manifestado su intención de presionar al gobierno venezolano para que se alinee con su visión para esta nación rica en recursos naturales.
El sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela le otorgó el cargo de presidenta interina, respaldando su liderazgo con el apoyo del ejército, lo que refuerza su posición en un momento de incertidumbre política.
Rodríguez, quien posee una vasta trayectoria como abogada y política de 56 años, ha representado la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez en el ámbito internacional. Sin embargo, persiste la duda sobre si buscará una aproximación a la administración Trump o si, por el contrario, mantendrá la postura adversarial que caracterizó a su predecesor.
El anuncio de su ascenso a presidenta interina fue inesperado, coincidiendo con la revelación de Trump sobre las comunicaciones entre su secretario de Estado, Marco Rubio, y Rodríguez, quien se mostró "cortés" y dispuesta a dialogar con el gobierno estadounidense. Rubio enfatizó que Rodríguez podría ser una interlocutora viable, en contraste con Maduro.
A pesar de ello, en su discurso televisado, Rodríguez no dejó entrever una intención de colaborar con Trump, al calificar su administración de "extremistas" y reafirmar que Maduro es el líder legítimo de Venezuela. Rodríguez declaró que la situación en Venezuela "constitute una atrocidad que viola el derecho internacional", mientras se encontraba rodeada de altos funcionarios civiles y militares.
El mensaje de Trump, que advirtió a Rodríguez sobre las repercusiones en caso de no alinearse, incluyó la advertencia de que podría enfrentar un "alto precio, probablemente mayor que el que pagó Maduro". Además, subrayó la necesidad de que ella garantizara "acceso total" a las infraestructuras del país, desde instalaciones petroleras hasta servicios básicos, para su reconstrucción.
Los comentarios del presidente estadounidense fueron precedidos por declaraciones de Rubio, quien, en entrevistas, indicó que no reconocía la legitimidad del gobierno de Rodríguez, dado que las elecciones en el país no han sido libres ni justas. Rodríguez, en un mensaje publicado en Instagram, adoptó un tono conciliador, sugiriendo que estaba abierta al diálogo.
