La participante de Gran Hermano Generación Dorada, Jenny Mavinga, compartió su impactante historia personal y sus aspiraciones como madre.
Jenny Mavinga narra su conmovedora historia en Gran Hermano Generación Dorada
Cortesía de minuto1
Jenny Mavinga, originaria del Congo, África, se ha convertido en una de las figuras centrales de Gran Hermano Generación Dorada, al impactar a sus compañeros al relatar los momentos más difíciles de su infancia y su trayectoria personal.
Ingresá al grupo de Whatsapp de El Frontal y recibí las noticias al instante.
Previo a su ingreso al reality show, la concursante reveló las motivaciones que la llevaron a residir en Argentina: “Vine con mi ex. Tengo a Samira y Rubí, mis hijas, de 11 y 15 años. Lo que más extraño, aparte de mis hijas, es la fiesta, porque me encanta”, manifestó.
En una clara manifestación de su carácter, Mavinga se describió como una mujer de firmeza y principios, afirmando que “es buena persona y no le gusta la suciedad”. Con esa misma determinación, justificó su participación en el programa: “Quiero entrar a la Casa de Gran Hermano porque creo que lo que voy a aportar ayudará a muchas mujeres y ganaré”.
Una vez dentro del juego, Mavinga profundizó en su pasado, narrando episodios escalofriantes de su niñez: “Mi mamá murió cuando tenía 4 años. Crecí en casa de tía y tío durante varios años”.
En ese contexto, recordó uno de los episodios más traumáticos de su vida: “A los 7 años fui secuestrada por mi tía materna. Me maltrató intensamente. Nunca comprendí las razones detrás de su comportamiento, y hasta los 12 años que logré escapar, no conocí el amor familiar o de un padre o madre, lo cual anhelo profundamente”.
Hablando sobre su presente, Mavinga reflexionó acerca de su rol como madre: “He aceptado esta realidad. Es doloroso, pero le brindo a mis hijas lo que yo hubiera deseado tener. A pesar de no contar con la experiencia, me considero una buena madre y hago todo por ellas”, concluyó.
Finalmente, relató su llegada a Argentina: “Vine a este país a los 17 años y decidí cambiar mi destino. A los 15 años ya estaba trabajando. Posteriormente, conocí a mi pareja, me casé y tuve dos hijas, pero tras 13 años de matrimonio, me separé y encontré un nuevo amor después de tres meses”.
Mavinga, con una notable determinación, subrayó su enfoque hacia la vida: “He luchado toda mi vida por cambiar mi historia. Solo Dios puede poner fin a mi lucha. Mientras tenga salud y fuerza, seguiré esforzándome para ser quien realmente quiero ser”.
