Errores de jardinería en febrero que afectan el jardín en otoño

El cuidado del jardín en febrero es crucial para garantizar su salud en otoño.

El mes de febrero se presenta como un periodo engañoso para los entusiastas del jardinería. A pesar de que el clima cálido persiste y el jardín exhibe un verdor vibrante, muchas especies parecen estar en su apogeo. No obstante, es precisamente durante esta fase que se incurre en uno de los errores más comunes y perjudiciales, que puede repercutir negativamente a lo largo de la temporada de otoño.

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Contrario a lo que se podría pensar, febrero no debe considerarse un mes de reposo, sino que es un período crítico para preparar el jardín ante el inminente cambio estacional. Las decisiones que se adopten en este momento tendrán un impacto directo en la resiliencia de las plantas, su futura floración y su capacidad de adaptación a las bajas temperaturas que se avecinan.

Uno de los errores más dañinos que se cometen en febrero consiste en ejecutar podas severas, ya sea con el objetivo de organizar el jardín o para estimular un nuevo crecimiento. En condiciones de altas temperaturas y radiación solar intensa, dicha poda debilita la planta, la expone al estrés hídrico y puede causar quemaduras en los tallos y hojas que han sido recién expuestos.

Asimismo, cuando se realiza una poda intensa en el verano tardío, la planta reacciona generando nuevos brotes que no tienen tiempo suficiente para fortalecerse antes de la llegada del otoño. Esto las hace más susceptibles a plagas, enfermedades y a los primeros descensos de temperatura.

En este contexto, lo aconsejable durante el mes de febrero es limitarse a una limpieza suave: eliminar hojas secas, flores marchitas o ramas claramente deterioradas. Este tipo de mantenimiento ligero contribuye a la salud de la planta sin forzarla ni alterar su ciclo natural.

Igualmente, es fundamental evaluar el estado global del jardín y detectar signos de estrés, tales como hojas amarillentas, bordes quemados o un crecimiento detenido. En muchos casos, la raíz del problema no radica en la poda, sino en un riego inadecuado o en un excesivo uso de fertilizantes. Otro error común es el de sobrefertilizar.

La creencia de que una planta “requiere mayor fuerza” y la sobrecarga de fertilizantes en febrero constituye una equivocación frecuente. En condiciones de calor intenso, los abonos agresivos pueden quemar las raíces y provocar un crecimiento artificial que no será sostenible durante el otoño.

Lo óptimo es optar por fertilizaciones suaves o naturales, o esperar a que las temperaturas desciendan para realizar una fertilización más completa y segura. Así, cuidar del jardín en febrero no implica intervenir más, sino hacerlo de manera más eficaz. Menos poda, un riego inteligente y una observación meticulosa son las claves para asegurar que las plantas lleguen robustas al otoño y enfrenten la nueva estación sin contratiempos.

Evitar este error en la actualidad puede resultar determinante entre un jardín que se apaga en otoño y uno que se mantiene vibrante, equilibrado y lleno de vida.