Premios Oscar 2026: La omisión de "Hamnet" y su impacto en la industria

La actuación de Paul Mescal y Jessie Buckley en "Hamnet" no recibió el reconocimiento esperado en los Premios Oscar 2026.

En ocasiones, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas parece operar bajo un criterio que escapa a la comprensión colectiva, otorgando galardones a producciones convencionales en detrimento de propuestas que desafían el statu quo artístico. La película Hamnet, sin lugar a dudas, se erige como uno de los enigmas más destacados de esta edición, ya que plasma la esencia de Shakespeare en cada uno de sus fotogramas, pero ha sido objeto de una valoración que no se corresponde con su indiscutible grandeza.

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Cada vez que reviso la lista de nominaciones a los Premios Oscar, me enfrento a una mezcla de satisfacción y desilusión. Existe un patrón histórico en la Academia que refleja una tendencia a despreciar las producciones más audaces en favor de aquellas que cumplen con las expectativas de lo “premiable”. Sin embargo, el caso de Hamnet no solo resulta desconcertante, sino también profundamente frustrante. Es inaceptable que una obra de esta magnitud haya sido relegada a categorías secundarias, limitándose a Mejor Película y Mejor Actriz.

A pesar de celebrar la nominación de Jessie Buckley, quien ofrece una actuación que redefine el concepto del sufrimiento, no puedo evitar sentir una profunda indignación al notar la ausencia de Paul Mescal en la categoría de Mejor Actor. Mescal no se limita a interpretar a un joven Shakespeare; él encarna la mirada introspectiva del poeta. Su habilidad para transitar la ira, la melancolía y la genialidad en sus escenas es una de las manifestaciones actorales más sobresalientes en años recientes. Su exclusión es un desprecio hacia un trabajo de una sutileza técnica extraordinaria.

Similarmente, la falta de nominación de Chloé Zhao en la categoría de Dirección es igualmente preocupante. Zhao edificó Hamnet con la meticulosidad de una obra teatral, fusionando elementos cinematográficos de gran envergadura. La fotografía y la música no se limitan a ser meros acompañamientos; son manifestaciones del alma de los personajes que nos transportan a la esencia de la obra original de Maggie O'Farrell. La elección de Zhao de representar la pérdida con una estética que combina lo gótico y lo naturalista merecía, al menos, el reconocimiento de sus colegas.

La nominación de Buckley, sin duda, representa un acto de justicia en medio de la controversia. Su interpretación de Agnes es un recorrido emocional que trasciende lo convencional; presenta la luz de un romance histórico, pero se convierte en el retrato más sincero de una madre que enfrenta la desgarradora pérdida de un hijo. La culpa, el dolor y la ira que Jessie comunica en cada uno de sus gestos son los pilares que sostienen la integridad de la película.

Es lamentable que la Academia haya decidido limitar su reconocimiento a una obra tan profunda como Hamnet, ignorando el potencial transformador que posee en el contexto del cine contemporáneo. Esta situación plantea importantes interrogantes sobre los criterios de selección que rigen los premios más prestigiosos de la industria cinematográfica.