Descubre la receta infalible para elaborar tortas fritas crujientes y tiernas, ideales para cualquier merienda.
Receta exquisita de tortas fritas: crujientes y esponjosas al mismo tiempo
Cortesía de minutoneuquen
Las tortas fritas son un clásico de la gastronomía que evocan memorias nostálgicas, un símbolo de la cocina tradicional donde el aroma del aceite caliente y el sonido de la fritura se amalgaman en una experiencia sensorial única. Este plato, con su esencia, ha logrado permanecer en la memoria colectiva de quienes han tenido la fortuna de disfrutarlo.
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Para iniciar el proceso de elaboración, es fundamental disponer de un recipiente amplio, en el cual se procederá a combinar la harina con la sal. En el centro de esta mezcla se adiciona la grasa o manteca, incorporándola de forma delicada con las manos, como si se tratase de la creación de una masa suave y homogénea. Posteriormente, se introduce agua tibia en cantidades adecuadas, procurando que la mezcla se integre sin precipitación.
A medida que se amalgaman los ingredientes, la textura de la masa sufre una transformación notable, pasando de ser pegajosa a adquirir una consistencia elástica y lisa, lo cual facilitará su manipulación. Un breve período de amasado es suficiente para garantizar una masa uniforme, tras lo cual es aconsejable dejarla reposar, cubierta, para que este descanso contribuya a que las tortas fritas resulten más ligeras.
Una vez que la masa ha alcanzado la consistencia deseada, se procede a dividirla en porciones que serán moldeadas a mano o con un rodillo. La perfección no es un requisito, pues las formas irregulares aportan un carácter distintivo y auténtico a cada torta. La incorporación del agujero central no es meramente decorativa, sino que también promueve una cocción uniforme al evitar que se inflen en exceso durante el proceso de fritura.
Calentar el aceite o la grasa a una temperatura moderada es un paso crucial en la elaboración de las tortas fritas. Un aceite demasiado caliente provocará un dorado rápido en la superficie, dejando el interior crudo, mientras que uno demasiado frío hará que absorban en exceso, resultando pesadas. La temperatura ideal permite que las tortas fritas comiencen a burbujear al contacto y se doren de manera gradual.
Tras cocinarse por un lado, se procede a darles la vuelta con precaución y, al alcanzar ese dorado apetitoso, se retiran y se colocan sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. Servidas aún calientes, pueden ser espolvoreadas con azúcar o simplemente disfrutadas como se presentan, acompañadas de un mate bien cebado o un café con leche. Así, lo simple se convierte en un deleite excepcional, reafirmando que no hay nada comparable a unas tortas fritas caseras recién elaboradas.
