El hábito de dormir con el estómago vacío puede afectar significativamente el bienestar mental y la calidad del sueño.
Impacto del Hambre Nocturno en la Calidad del Sueño y la Salud Mental
Cortesía de minutoneuquen
La práctica de dormir con el estómago vacío a menudo se considera un aspecto trivial de la rutina diaria, relacionado con cenas ligeras o decisiones deliberadas para evitar el exceso alimentario. No obstante, desde la perspectiva de la psicología, este comportamiento tiene repercusiones que trascienden lo físico, afectando de manera directa la mente y las emociones.
Ingresá al grupo de Whatsapp de El Frontal y recibí las noticias al instante.
Cuando un individuo se retira a descansar con hambre, el cerebro capta un mensaje inequívoco: existe una necesidad fundamental no satisfecha. En lugar de alcanzar un estado de relajación plena, la mente puede permanecer en un estado de alerta, obstaculizando la desconexión necesaria para lograr un descanso reparador. Por consiguiente, es común que el dormir con el estómago vacío se relacione con noches inquietas, pensamientos intrusivos o múltiples despertares.
La psicología indica que el hambre no solo se experimenta físicamente, sino que también impacta el estado emocional. Acostarse sin haber comido puede exacerbar la ansiedad y la irritabilidad, intensificando la vivencia de las emociones. Esto se debe a que el cerebro requiere energía para regular el estado de ánimo, y su ausencia puede llevar a un equilibrio emocional más frágil.
A pesar de que algunas personas logran conciliar el sueño en condiciones de hambre, la calidad del sueño no está garantizada. Durante la noche, el cuerpo puede operar en un nivel de activación elevado, lo que compromete la profundidad del sueño. Al día siguiente, las consecuencias pueden manifestarse en forma de cansancio, dificultad para concentrarse y una sensación general de malestar.
Desde la perspectiva psicológica, se ha observado que en ciertos contextos, el hábito de dormir con el estómago vacío puede estar asociado a una relación problemática con la comida. La elección de no cenar puede estar marcada por sentimientos de control, culpa o autoexigencia, especialmente cuando esta conducta se repite con frecuencia. En tales circunstancias, el impacto se extiende más allá de lo físico, alcanzando el ámbito emocional.
Si bien la psicología no postula que sea esencial acostarse completamente saciado, advierte que adoptar el hábito de dormir con hambre de manera habitual puede tener efectos adversos en el bienestar mental y en la calidad del sueño. Encontrar un equilibrio y prestar atención a las señales del cuerpo son elementos fundamentales para evitar que este hábito se convierta en un factor de malestar.
