Gustavo Cordera, a 4 años de la charla en TEA: "Fue un cachetazo que me ordenó, me abrió los ojos, me demandó atención, me corrigió"

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Desde su casa en La Paloma, Gustavo Cordera mira la cámara de su celular. De fondo se puede ver el techo de su estudio hecho con una técnica charrúa. El mismo tiene forma de cúpula y simula el velo de la garganta. Son las 9 de la mañana tanto en Uruguay como en Argentina. El exvocalista de Bersuit está instalado en Rocha desde hace varios años en una suerte de retiro autoimpuesto: vive a seis cuadras del mar en un barrio con calles de tierra. En medio de la pandemia de coronavirus, de la que desconfía, cuenta que por allá solo hubo un caso hace seis meses pero que la gente empezó a mirarse con desconfianza. Faltan horas para su show por streaming (mañana sábado, a las 21, presenta La Obra, desde la Sala del Museo, en Montevideo) que llega justo al poco tiempo de la noticia de que fue sobreseído del delito de "incitación a la violencia colectiva" por haber asegurado en la charla en la escuela de periodismo TEA Arte que "hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo".

Pasaron cuatro años de ese hecho y recién ahora el músico acepta dar notas con la prensa. "Fue un cachetazo que me ordenó, me abrió los ojos, me demandó atención, me corrigió", dice a LA NACION. Cordera habla de todo: los ídolos, la ayahuasca, su relación con Diego Maradona (a quien le escribió una canción a pocas horas de su muerte), la familia. También da su versión de la charla de TEA y de su ingenuidad, las cosas sacadas de contexto, el lugar de su mujer Stella y sus hijas (Yanela y Ailén) después de que fuera condenado públicamente por sus dichos. Las palabras fluyen y, entre mates y baterías de celular que se terminan, el "Pelado" cuenta la historia detrás de "Mi caramelo" y reflexiona sobre la eterna pregunta sobre la posible vuelta de Bersuit. La sanación necesaria para un regreso no parece estar cerca aún. Al menos, eso es lo que da a entender entre recuerdos nostálgicos. De un River con 75 mil personas alentando a la banda a los primeros shows de la caravana mágica con 50. De la "incitación a la violencia" a la vida en un pueblo costero rodeado de naturaleza. Del agitador al filósofo. Del rockero al padre de familia. "A Bersuit le falta mi genialidad", dispara.

Eso de ir corriendo en busca de una zanahoria, resolver problemas, conseguir dinero, un espacio en la sociedad, de sentirme siempre en escasez, de consumo desenfrenado, ¿eso no era una prisión?

-¿Cómo sentiste estos meses de pandemia?

-Es un momento de mucha soledad, no digo que esté mal. Me parece que estamos necesitando esta cosa de dejar de creer y empezar a investigar, a ver lo que me resuena como verdadero y lo que me resuena como falso. Detenerse en la dirección en que íbamos como humanidad me parece interesante. El aislamiento, la decadencia económica y la ausencia de la libertad te hacen preguntar si antes de la pandemia realmente teníamos libertad. Si eso de ir corriendo en busca de una zanahoria, resolver problemas, conseguir dinero, un espacio en la sociedad, de sentirme siempre en escasez, de consumo desenfrenado, ¿eso no era una prisión?

Gustavo Cordera
Gustavo Cordera Crédito: Jacqueline Orion

-¿Sos de los que está a favor o en contra de las cuarentenas? Uruguay es de los únicos países del mundo que no hizo cuarentena...

-No se sabe nada de lo que está ocurriendo, hay mucha información engañosa. Las cuarentenas y restricciones no funcionan, no se sabe a ciencia cierta si es un virus o no porque no se ha podido aislar. Se sabe muy poco, cada uno tiene su cosmovisión, su forma de ver y de analizar y atar todos los cabos. A mí personalmente de todo lo que se está diciendo nada me cierra. No da la sensación de que sea una pandemia. Este es mi punto de vista, todo esto no me huele bien. Pero existe un pensamiento único y si pensás distinto hoy te tildan de loco, o de criminal o separado de la sociedad y eso es muy grave porque las sociedades evolucionan con los pensamientos disruptivos, con las anomalías, con los Maradonas...

-¿Cómo surgió "Abrazo de gol", el tema que le dedicaste a Maradona a horas de su muerte?

-Hacía como 15 días que venía escribiendo una canción detrás de otra. Un día le mostré una canción a mi compañera Stella y me dice: "¿Te estás despidiendo, te vas a morir?". Me impresionó y cerré el cuaderno. Al otro día a la mañana leí le noticia de que Diego había muerto. Volví a abrir el cuaderno y me encontré con esta canción, tuve que hacerle alguna corrección pero era una despedida de alguien que había sido muy generoso y había dado mucha alegría. Todos los seres humanos de la tierra somos seguidores de Maradona, o por amor, o por odio o por admiración porque él fue un símbolo y un ícono social magnánimo. Fue el hombre más conocido del Planeta durante muchos años. Lo que significó Maradona fue extra deporte, porque él abrió su vida, no se guardó nada. Se derramaba, no podía evitarse. Siempre fue muy generoso y eso se puede confundir con la omnipotencia, no tener filtro. No se podía contener.

-¿Lo conociste personalmente?

-Me encontré cinco veces con él. Maradona era un personaje muy entrañable y normalmente estrenaba distintos trajes como para salir a la calle y poder proteger del mundo a ese niño carenciado que vivía dentro de él. Vi al líder revolucionario con el habano y la barba, al correcto, al afeminado, al delgado, al que estuvo en el mundial con Víctor Hugo, al padre cuando llevó a una de sus hijas al Pepsi Music en un recital de Bersuit y al Maradona capo de la mafia en La noche del 10. Era un entrevistador de puta madre. Maradona sea periodista, músico, jugador o entrenador era una persona que ponía todo. Era una energía que quedaba expuesta. Cuando uno empieza en ese intercambio, la figura se transforma en algo tan importante para los demás, eso que se llama éxito, que es inevitable el hacerse daño. Se descompensa el dar y recibir. No hay un intercambio orgánico, das y das y das. Nada alcanza, más y más y más hasta que en un momento te enfermás y quedás solo, porque en esa dinámica te acostumbraste a dar y a no recibir nada.

-Salvando las distancias, también ocupaste un lugar de ídolo cuando la Bersuit estaba en su apogeo. Estuviste muchos años ocupando un lugar de mucha popularidad, mucha energía y todo eso terminó con la separación de la banda en 2009 y este nuevo Cordera, ¿cómo lo viviste vos?

-Está muy desbalanceada la energía porque uno para recibir todo ese cariño y reconocimiento se inmola. Das todo y nunca alcanza porque también uno considera que teniendo más reconocimiento, más gente que lo ve, más dinero, alcanzando nuevas alturas va a poder reparar ese agujero que le mueve a exponerse, porque uno se expone en busca del amor del otro. Pero en realidad ese agujero no lo llena nadie. Y eso lo vi en River, donde había 75 mil personas y arriba del escenario tuve una epifanía en el momento en que estábamos cantando. Dije: "Esto se terminó para mí, no hay más. ¿A dónde tengo que tocar, en Marte, conquistar el universo?". El esfuerzo, la intensidad que tenés que poner para sostener ese lugar es carísimo y se paga con la vida.

El Pelado además cuestiona a las bandas que regresan sin haber sanado
El Pelado además cuestiona a las bandas que regresan sin haber sanado Crédito: Jacqueline Orion

-¿Lo decís literalmente?

-Lo vas a ver constantemente en el mundo del rock, cantantes que no pudieron sostener ese lugar y terminaron muriéndose, la mayoría de nosotros. En ese momento elegí vivir porque lo más interesante es la vida. El tesoro más preciado que tenemos no es el público, ni el dinero, ni la fama, ni nada de eso. Para mí todo lo que viví es interesante; tanto las 75 mil personas como cuando empecé con la caravana que venían 50. Tanto del éxito como del rechazo social que experimenté siempre salí fortalecido. Me rebelé de ese paradigma, lo hago por vos, me crucifico por vos. No lo considero necesario. Yo di vuelta mis ojos y empecé a descubrirme adentro, pero eso no te voy a decir que sea placentero porque te podés llegar a encontrar con cosas que no te gustan de vos, pero con el tiempo te terminás queriendo, aceptando y tomando tu verdadero poder.

-¿Cuántas veces te arrepentiste de la separación de Bersuit?¿Qué lugar ocupa la nostalgia de esos shows multitudinarios?

-Todos los días puedo corroborar que lo que sucede es perfecto como que lo que no sucede también.

-Suena un tanto ambiguo...

-Es una paradoja. Nunca me imaginé que iba a formar parte de una banda de rock, nunca me imaginé que iba a formar parte de una familia, no quería tener hijos, nada. Lo que pasa es que me desconocía. Todo lo que viví y experimenté, el hecho de haber vivido 21 años con el proyecto Bersuit. Fue perfecta la decisión, era una energía tremendamente intensa y yo en ese momento tenía 45 años. Fue perfecto haberme ido, jamás me arrepiento de nada, porque forma parte de la vida misma. Ahora, si me preguntás si siento nostalgia, sí. Si me preguntás si a veces tengo la fantasía de estar con los chicos arriba del escenario, claro que sí.

Gustavo Cordera cuenta la historia de "Mi caramelo"

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-¿Cómo quedaron los vínculos con el resto?

-Con alguno hablo... con Pepe (Céspedes), con Juan (Subirá), con Albertito (Verenzuela) charlo mucho, con Osqui (Righi) hay una amistad, con El Cóndor (Sbarbati) la vez pasada me encontré en México. Son personas muy importantes en mi vida, los atesoro como compañeros y también amigos con los que transité gran parte de mi vida, donde todo fue tan intenso, hermoso. Las experiencias fueron maravillosas; mi vida no sería la mismo, ni parecida, si no hubiera vivido esa gran aventura que se llama Bersuit.

En un mundo donde todo está tan reglamentado, tan políticamente correcto, tan diseñadamente perfecto para que los proyectos tengan un montón de 'me gusta', Bersuit hoy sería una bomba mundial con arte

-¿Qué te pasa cuándo escuchás a la banda sin vos?

-Es una gran banda. Dani (Suárez) y El Cóndor son cantantes del carajo, me parecen maravillosos. Solamente que veo un proyecto en el que no está mi locura, mi irreverencia, mi genialidad y le falta algo muy importante. Ya no es lo que la gente alguna vez vio. Lo digo sin ningún tipo de arrogancia ni nada, simplemente reconociendo cuál es mi impronta. Yo me subía arriba de un escenario y nadie sabía lo que podía llegar a suceder. En un mundo donde todo está tan reglamentado, tan políticamente correcto, tan diseñadamente perfecto para que los proyectos tengan un montón de 'me gusta', Bersuit hoy sería una bomba mundial con arte, un montón de arte y con canciones increíbles que la gente en general no conoce. El lado B y el lado C de Bersuit es increíble. Canciones como "Caroncha", "Canción de Juan", "No estás solo", "Otra sudestada", "Convalecencia", "La Parca", "Barriletes", "Desconexión sideral", un arte único. Todos juntos éramos algo maravilloso que se sostenía con mucha intensidad que era lo que se necesitaba para subirse arriba de un escenario.

-Suena a un posible regreso...

-Era una fiesta y en un momento te podían molestar algunas cosas, se atravesaba todo. Jugábamos a exponer la estupidez humana. Pero la pregunta que yo me hago es: "¿Quiero estar en esa intensidad?, ¿cuál es el precio que tengo que pagar por habitar ese lugar?". Y otra pregunta que siempre me hago cuando me ofrecen dinero es cuánto me cuesta el dinero porque para mí la vida no es dinero, es energía, entrega, cabeza, cuerpo, es karma. Yo no sé si a pesar de la nostalgia alguna vez quisiera esto porque lo que estoy viviendo ahora es maravilloso. Me subo a un escenario hoy y estoy feliz de lo que estoy haciendo. A veces me da la sensación de que la gente lo necesita.

-Hay muchas bandas que volvieron en las últimas décadas, como Los Fabulosos Cadillacs, Serú Girán, Soda Stereo...

-Me pregunto algo: "¿Los Cadillacs se volvieron a juntar?". Lo pregunto profundamente, volverse a hermanar, a juntar. A veces me da la sensación de que no terminás nunca de juntarte, porque para juntarse hay que limpiar muchas cosas, hay que limpiar cosas del ego, hay que sanar. Una vez sanado puede haber un encuentro.

-¿Te sentís cómodo con el concepto de show por streaming?

-A mí lo que me sucede con el streaming es que no me gustaría que se normalice. Aquel que fue a un recital, que tuvo que dormir arriba de un micro o en un tren con un montón de amigos y desconocidos, que viajó hacia un lugar donde pasó la noche en carpa y se emborrachó con alguien, se enamoró y cantó, se emocionó, saltó, y volvió totalmente transformado, eso con el streaming no le va a pasar. No puede reemplazar el encuentro cuerpo a cuerpo de la tribu. No quiero instalar el streaming en el rock, no voy a ser complaciente porque tenemos que abandonar este aparato y empezar a vivir. Habrá quien diga: "No acompañás lo que se está viviendo". Hay comentarios que son unitarios para los que se cuestionan, siempre hay una normativa para descalificar... si desconfiás sos conspiranoico y así con todo.

Después de tanto tiempo, esas canciones ya hicieron el trabajo, ya son de la gente, entonces ahora sí puedo abrir el diario íntimo

-No estás vendiendo mucho tu concierto...

-Voy a hacer el streaming porque no puedo ir a tocar a otros lados, por eso está bien el streaming. Hablando del concierto, voy a hacer un recorrido por los 40 años de composición, tomando canciones que fueron íconos importantes dentro del corazón de la gente: "Mi caramelo", "Un pacto", "Amores perros", "Madre hay una sola", "El tiempo no para", "La bomba loca", "La soledad". Va a ser en un formato de trío rockero. Me inspiré un poco cuando vino Paul McCartney a Uruguay, con una propuesta súper austera que daba lugar a la voz, empezaba cantando las canciones. Lo que busqué en las reversiones es encontrar el espíritu del momento en que compuse esas canciones. Las cuento, le cuento a la gente lo que me sucedió porque nunca conté las musas inspiradoras. Me parecía que cada uno tenía que apropiarse de los temas. Pero después de tanto tiempo, esas canciones ya hicieron el trabajo, ya son de la gente, entonces ahora sí puedo abrir el diario íntimo.

-¿Quién fue la musa de "Mi caramelo"?

-La compuse cuando me subí por primera vez a un tren eléctrico. En ese momento sentí nostalgia de esos viejos vagones posteriores a la máquina vapor. Empecé viajando en máquina vapor, después en la diésel y, a los 22 años, me subí por primera vez al tren eléctrico para ir a ver a mi novia de ese momento que vivía en José Mármol. Esa nostalgia me llevó a tener 80 años y mirar hacia atrás el momento que estaba viviendo y escribí una canción desde ese momento hacia adelante, pero yo teniendo 80 años. Fue una proyección en el tiempo, habitar a una persona de 80 escribiéndole a una de 22. Cuando llegué a Mármol ya tenía la canción escrita, pero no la quiso escuchar. Estábamos apasionados, había enojos, competencias. Cada vez que había un conflicto, yo la cantaba y ella no quería escuchar. Disolvimos la pareja sin que ella la quisiera escuchar. Después me enteré que, con el tiempo, ella recibió esa canción después de habernos separado. Tuvo una hija y le dijo: "Esa canción la hizo para mí".

-¿Es una mujer conocida?

-Era una chica de barrio como yo que nací en Avellaneda, donde viví hasta los 17 años, y después me fui a Adrogué, no tan arrabalero. Con el tiempo comencé a conocer gente famosa, la fama me hizo ir a hoteles cinco estrellas donde conocés otro tipo de personas.

-¿Qué pasó con el Gustavo que no quería tener hijos?

-Ellos me tuvieron a mí. Tengo tres hijos: son personas adultas que llevan el arte en todo lo que hacen. Yanela, de 22, Gino, de 20, que hasta hace poco fue jugador de fútbol, y Ailén, de 17. A Stella la conozco desde 1988, empezamos a vivir una relación de pareja, que pasó por muchísimos estadios en estos 31 años. Yo tenía separado al rockero de la familia, después llegué a integrarlos. Ahora Stella es parte de la caravana, canta y es vital en el proyecto.

-¿Qué lugar ocuparon tanto Stella como tus hijas cuando pasó lo de la charla de TEA?

-Ocuparon muchos lugares, fundamentalmente, un lugar critico. Stella no es complaciente conmigo. Es una persona que me dice las cosas en la cara todos los días. Te puede dar una caricia y también te puede dar un cachetazo. Me intenta ayudar desde un lugar sincero, no desde sobarme el lomo para que no sufra. Es una persona muy empática, hace terapia desde hace muchos años, es muy bruja. Me ayudó en mi recuperación, mi restablecimiento. Ella y mis hijas. que están en su búsqueda como mujeres dentro de la sociedad.

Después de exorcizarse con el disco Entre la cuerdas, donde expuso sus preguntas y respuestas ante la mirada externa y de descubrirse en medio de la naturaleza (en La Paloma tiene que buscar piñas para calefaccionar la casa, controlar las plantas de la huerta para que no se embichen ni se quemen y resolver problemas "más orgánicos"), el músico reflexiona sobre el mundo vertiginoso de la ciudad donde la gente se aplasta ("hubo un momento que me pregunté si quería vivir así y hasta cuándo", dice a LA NACION). Ahora vive con un rutina más flexible, disfruta de las mañanas, de componer y de una energía más equilibrada. Desde su estudio, el ex Bersuit habla del sonido como un vientre, de las técnicas de los aborígenes uruguayos que con la totora hacen un complejo entramado de troncos para construir techos. Y habla también de la sobreinformación: "Hay una agenda de información en el establishment donde hay una realidad unívoca, políticamente correcta, moralmente establecida, con una idea de pensamientos únicos", dispara.

-Justo en estos momentos de deconstrucción la frase no pareció de lo más oportuna...

-Los arquetipos de pensamiento, las creencias, los patrones de comportamiento están instalados en todas las casas de todo el mundo, en mayor o menor medida. La humanidad viene teniendo como una dualidad infinita: el Boca-River, Macri-Cristina, China-Estados Unidos, Hombre-Mujer. El ser humano toma una posición sobre otro lugar, es como una conducta desintegradora, tóxica, porque no se integran las partes. Me da la sensación de que lo que sucedió en casa es una necesidad de que las partes se integren. Hacía muchos años que tenía ganas de explorar mi costado femenino, para permitirme la sensibilidad, llorar, para ser empático, para poder ampliar mi consciencia y conectarme con la naturaleza. Me gusta el universo femenino, que es muy necesario para poder bajar mi intensidad, para poder disolver lo viril. Creo que justamente para limpiar a ese hombre se necesita amor, ser querido, ser acariciado.

Cordera reflexiona sobre sus dichos en la charla de Tea

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-¿Sentís que esto que te pasó te sirvió para repensarte?

-Hace tiempo que venía usando una palabra que me parecía interesante: "desaprender". Tuve que remover las creencias tóxicas. Venía haciendo eso hace 10 años cuando empecé con la ayahuasca. Creo que lo que sucedió de alguna manera pone de manifiesto mi intención de limpiar. Fue un cachetazo que me ordenó, me abrió los ojos, me demandó atención, me corrigió. ¿Viste que a veces uno está necesitando una cachetazo? Hay personas que si hubieran recibido un cachetazo a tiempo hoy estarían vivas, como un adicto. Capaz con la palabra te enfrentás a alguien y esa persona abre los ojos. Hay una estigmatización en las relaciones humanas. Muchas veces los límites lo único que hacen es darte un marco saludable que después, si querés, lo transgredís.

-¿Fue algo inconsciente?

-En seguida me di cuenta que estaba fuera de mí. Estaba buscando ese límite. Ni siquiera fui interpretado ni mal ni bien, no había necesidad de hacerlo, mi ingenuidad me llevó a un lugar donde estaba cantando que venía la cacería, ¿a quién le interesa la verdad. si es mucho más interesante y vendedora la mentira?

-¿Que te hayan absuelto hizo que decidieras abrir el juego y hablar sobre lo que pasó?

-No. En el momento en que sucedió lo que sucedió yo sabía perfectamente que no tenía nada que ver con el maltrato a una mujer. Nunca jamás tuve una denuncia, no vas a encontrar a alguien que te diga: "El Pelado me maltrató", porque no soy así. Soy una persona muy sensible al ser humano, a los animales y a la plantas. Entonces yo estaba tranquilo conmigo, pero sabía perfectamente que estaba viviendo en un mundo dual, condenatorio con pensamientos únicos, que no pregunta, que ataca a la persona que piensa distinto. No nos juntamos a debatir una idea, yo te descalifico a vos por pensar así. Esto me recuerda a dictaduras, dictadura del pensamiento correcto. El mundo en el que vivimos, las redes y los medios de comunicación no daban lugar a profundizar en una idea. Sabía que esto estaba sucediendo pero que en algún momento iba a dejar de suceder, porque no se puede sostener una idea de un mundo así. Hoy después de cuatro años hemos visto cómo la ideología se cae. Hoy se dio vuelta la historia sola sin que yo hiciera nada. No hice nada en eso momento, no hice nada ahora. Por más que la Justicia me haya absuelto para mí es lo mismo. Lo que me da es tranquilidad legal. Soy una persona que se equivoca constantemente, puedo decirte algo que no te guste y con el tiempo darme cuenta de que me equivoqué y decirte: "Me equivoqué". Me voy a seguir equivocando porque soy un ser humano, soy imperfecto, soy una persona que se está completando y tengo la humildad de darme cuenta que sé muy poco.

-¿Qué le dirías al Cordera de hace cuatro años?

-A ese Cordera, a esa parte mía que es muy ingenua y estoy tratando de domar... La parte de ingenuidad mía es muy peligrosa para mí y puede ser divertida para los demás. A ese Cordera le voy a decir (y al de ahora también) que intente no ser tan ingenuo en el mundo que vivimos. Tengo que aprender a intercambiar ideas con la gente que se lo merece, a buscar el momento para decir las cosas, a darme cuenta de que las ideologías y defender una postura es innecesario para un artista. Somos canales y transmitimos cosas todo el tiempo y no nos tenemos que alinear ni defender ideas que no son nuestras. También aprender a advertir con quién estás porque hoy con los celulares, con la persecución constante, es necesario cuidarse.

-La denuncia en tu contra coincidió con una ola de acusaciones de acoso en el mundo del rock, ¿pensás que es tiempo de revisar para adentro algunos usos y costumbres?

-Bien, si necesitan charlar de eso me expondría con profesionales, psicólogos, jueces, pero con garantías de que puedo expresarme libremente y no me van a sacar de contexto y después me van a destrozar por mi forma de pensar. Si hay un intercambio honesto y libre entre personas yo re puedo hablar de eso horas porque soy una persona que no esconde nada. Pero en un medio de comunicación donde presta al título y a sacar de contexto no puedo hablar de eso porque hoy sería ingenuamente utilizado una vez más.

Gustavo Cordera habló sobre las denuncias del rock y su absolución

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-¿Pero no creés que hay que revisarlo?

-Es necesario revisarlo, sí. ¿Viste que la humanidad se va transformando a pasos agigantados? Ahora hay como una aceleración de acontecimientos. Imaginate si cada vez que hacemos un cambio condenamos el pasado. Lo que hacemos condenándolo es perpetuarlo, porque la condena lo que hace es establecer una relación de atracción infinita. Es la comprensión, el amor y la sabiduría lo que libera. Las armas y el odio hacen que eso perpetúe. Si me dejo de drogar y empiezo a condenar a la droga, en narcóticos anónimos saben que es perpetuar la drogadicción. Yo soy rockero y también sé lo que es la bronca pero sé que es tóxico continuar en ese viaje y es mucho mas interesante poder sanar comprendiendo que la sanación se hace integrando, haciendo parte. Eso lo vi en todas las terapias que hice. Cuando consumí ayahuasca, lo vi en mi vida personal. Ese es para mí el paso que como seres humanos tenemos que dar para poder sanar todos los pasados.

.¿Cómo fue tu experiencia con la ayahuasca?

-Con la ayahuasca entrás en una meditación que puede llegar a ser muy violenta porque es como mostrarte un cuco cuando no lo querés ver y tenés el mecanismo para no verlo. Lo rompés y te encontrás con tu cabeza, tus imposibilidades y con todos tus miedos. Ahí te das cuenta de que el único lugar habitable para poder enfrentar ese miedo es el corazón, el alma, que es silencio, calma. A partir de ese momento es una experiencia con la muerte. La muerte socialmente está estigmatizada, uno piensa en la muerte y ve un cuerpo que se descompone y gente sufriendo. Pero la muerte, por lo menos en los momentos que morí en la ayahuasca cuando el cuerpo prácticamente no se puede ni mover, es un estado placentero, de calma, de observación. Es salir de la prisión del cuerpo y ser un alma. Es una experiencia vivencial, uno no puede transmitirlo por este medio. Yo la viví y me sirvió para tomar contacto con algo a lo que le tenía miedo, la muerte, y salí muy feliz de esa experiencia.

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