SpaceX logró un amerizaje controlado de la nave Starship V3 en el océano Índico, a pesar de operar con un motor inactivo durante gran parte del vuelo de prueba.
La compañía SpaceX llevó a cabo el pasado viernes un exitoso lanzamiento de la última versión de su cohete Starship, un evento crucial no solo para las aspiraciones comerciales de la firma, sino también para los ambiciosos planes espaciales de los Estados Unidos que incluyen el retorno de astronautas a la Luna.
Inicialmente programado para el miércoles, el despegue se vio retrasado en dos ocasiones debido a problemas técnicos, culminando en un desenlace notablemente accidentado: la nave logró un amerizaje controlado en el océano Índico, a pesar de haber operado con uno de sus motores principales fuera de servicio durante gran parte del recorrido.
La nueva versión Starship V3, que alcanza una altura de 124 metros, participó en el duodécimo vuelo de prueba del programa, marcando el primer lanzamiento en un periodo de siete meses, y fue transmitido en vivo, permitiendo al público apreciar los avances tecnológicos de la innovadora estructura diseñada por Elon Musk.
Este ensayo, que incluyó fallas mecánicas previas al lanzamiento, una reentrada atmosférica desafiante y maniobras de descenso al límite, fue fundamental para evaluar la resistencia del hardware de SpaceX y su capacidad de respuesta ante situaciones adversas.
La empresa se halla inmersa en una carrera contrarreloj para perfeccionar su sistema, con el objetivo de cumplir con el exigente cronograma de la NASA, que proyecta utilizar esta nave para el regreso de astronautas a la superficie lunar a más tardar en 2028.
La urgencia del gobierno, especialmente durante la administración de Donald Trump, es palpable, dado que se está gestando una nueva carrera espacial entre Estados Unidos y China, con la meta de que el gigante asiático envíe su primera misión lunar tripulada antes de 2030.