La intensificación del conflicto en Medio Oriente ha generado un incremento superior al 7% en el precio del petróleo, superando los US$90 por barril, con efectos potenciales en la economía argentina.
La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente ha provocado un incremento significativo del precio del petróleo, que ha superado el umbral de US$90 por barril, alcanzando este nivel por primera vez desde agosto de 2023.
En este contexto, los contratos futuros del Brent han sido cotizados a un precio de US$91,45 el barril, cifra que no se había registrado desde inicios de agosto de este mismo año. Este aumento en los precios se ha visto impulsado por el cierre del estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el tránsito de petróleo.
El bloqueo de esta vía marítima, ubicada entre el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico, es crucial para el transporte de petróleo y gas natural licuado (GNL) desde Medio Oriente hacia Asia, Europa y Estados Unidos, lo que ha ejercido presión sobre los precios de estas materias primas energéticas, así como sobre los costos logísticos y seguros a nivel global.
Desde el inicio de la guerra, el precio del petróleo ha mostrado una tendencia al alza, acumulando un aumento del 45% desde principios de 2023. Este ascenso de precios ha llevado a muchos analistas y bancos de inversión a prever que los precios del petróleo podrían alcanzar hasta US$100 por barril, si la situación bélica se intensifica.
En los primeros días de abril de 2022, cuando comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, el crudo llegó a cotizarse a 120 dólares por barril. De forma paralela, el ministro de Energía de Qatar alertó al Financial Times que, si la crisis se agrava, los productores del Golfo podrían suspender sus exportaciones en las próximas semanas, lo que podría llevar el precio del barril hasta US$150.
En el mercado estadounidense, el crudo West Texas Intermediate (WTI) se transaccionaba a US$84,42 por barril, lo que representa un aumento del 4,21%. Ante esta situación, el Gobierno y las empresas del sector energético están evaluando dos variables clave: el impacto que la subida del petróleo podría tener sobre los precios internos y la posibilidad de que este aumento mejore el saldo comercial del sector energético.