La llegada de Delcy Rodríguez al liderazgo venezolano marca una transformación política ante presiones internas y externas significativas.
Delcy Rodríguez ha cumplido un mes como presidenta encargada de Venezuela, un periodo caracterizado por limitaciones en su capacidad de decisión y una fuerte influencia externa proveniente de Estados Unidos. La nueva mandataria chavista intenta establecer un clima de estabilidad política mediante un enfoque pragmático que se distancia de los dogmas ideológicos tradicionales y opta por un discurso menos confrontativo.
La etapa del chavismo, tal como se había conocido hasta el 3 de enero, ha llegado a su fin. Con la figura de Nicolás Maduro en una situación de reclusión en Brooklyn, el emergente “delcysmo” busca mantenerse a flote mediante una combinación de utilitarismo político y diplomacia adaptativa frente a un contexto adverso.
Rodríguez, designada para liderar un gobierno que se encuentra bajo la mirada crítica de la Casa Blanca tras la intervención militar estadounidense, navega entre dos realidades opuestas. Por un lado, enfrenta la presión militar ejercida por Donald Trump y, por el otro, debe lidiar con el sector más radical del chavismo que, aunque se resiste a perder privilegios, reconoce la necesidad de adaptarse a las nuevas dinámicas de poder. La supervivencia es el objetivo primordial.
La actual situación en Venezuela representa un nuevo paradigma. Los cambios han comenzado a materializarse a un ritmo que desafía la percepción superficial de la crisis generada por la intervención estadounidense.
Durante su primer mes, el gobierno de Rodríguez ha llevado a cabo más de 360 liberaciones de prisioneros políticos, lo que representa casi la mitad de los casos documentados por diversas organizaciones no gubernamentales en el país. Además, se ha propuesto una ley de amnistía que contempla el cierre del centro de detención y tortura conocido como El Helicoide, así como una nueva ley de hidrocarburos que busca abrir el sector petrolero a la inversión extranjera, y un ajuste en la represión estatal.
A pesar de que estas acciones podrían parecer insuficientes, son iniciativas que eran inimaginables hasta el 2 de enero, cuando Maduro se encontraba en su habitación en el Fuerte Tiuna, acompañado por su esposa, Cilia Flores, a quien el chavismo solía referir como la “primera combatiente”. Se ha dejado atrás un periodo de actos partidarios donde Maduro solía mostrarse enérgico, ofreciendo discursos combativos y promoviendo propuestas de paz ante un conflicto con Estados Unidos.
“Se han implementado modificaciones en el ámbito legal. En primer lugar, se ha reestructurado la ley de hidrocarburos para facilitar la entrada de empresas extranjeras en el sector petrolero, y se ha prometido una ley de amnistía cuyo contenido permanece aún por definirse”, afirmó a TN la académica Tamara Adrián, quien fue candidata presidencial en la oposición venezolana. Según lo declarado, “esto podría abrir la puerta a un nuevo entendimiento en el contexto político del país”.