El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, establece aranceles del 25% a naciones vinculadas comercialmente con Irán en respuesta a la represión de protestas en el país persa.
Donald Trump comunicó el lunes la decisión de Estados Unidos de aplicar un arancel del 25% a todos los socios comerciales de Irán. Esta medida punitiva se enmarca dentro de una estrategia destinada a presionar al régimen de Teherán, especialmente después de la violenta represión de las manifestaciones que han resultado en casi 600 muertes.
El presidente afirmó que estas tarifas entrarán en vigor de manera inmediata. La atención se centra particularmente en potencias y economías emergentes como China, Brasil, Turquía y Rusia, naciones que sostienen vínculos comerciales significativos con el régimen iraní.
“Con vigencia inmediata, cualquier país que realice negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25 % sobre todos los negocios que realice con los Estados Unidos de América. Esta orden es definitiva y concluyente”, señala el mensaje de Trump.
La administración de la Casa Blanca sostiene que el gobierno iraní ha cruzado una “línea roja” al emplear fuerza letal contra manifestantes pacíficos. Este contexto ha generado un análisis exhaustivo por parte del presidente y su equipo de seguridad nacional sobre “opciones muy fuertes”, que incluyen desde ciberataques hasta posibles intervenciones militares por parte de Estados Unidos o Israel.
Trump advirtió que el gobierno iraní está “cruzando” límites peligrosos, lo que justifica la implementación de una respuesta económica de tal magnitud. Esta situación se presenta en un marco de creciente inestabilidad interna en Irán.
El caos social en Irán es evidente, con más de 500 protestas registradas en las 31 provincias del país. Según la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos, se reportan 572 muertos y más de 10.600 detenciones, mientras que otras organizaciones no gubernamentales sugieren que el número real de víctimas podría superar los 648 fallecidos.
El colapso de la economía iraní es el motor de este descontento social. La moneda local, el rial, ha experimentado una caída histórica, cotizando a más de 1,4 millones por dólar. La inflación anual asciende al 40%, elevando los precios de productos básicos como la carne y el arroz, lo que ha llevado a la población a demandar el fin de la teocracia.