El encuentro entre Trump y Machado se produce en medio del vacío de poder tras la detención de Maduro en enero.
El encuentro programado entre el expresidente estadounidense Donald Trump y la opositora venezolana María Corina Machado se inscribe en un contexto caracterizado por el vacío de poder emergente tras la detención de Maduro durante una operación militar estadounidense efectuada en Caracas a principios de enero. Posteriormente a este acontecimiento, Delcy Rodríguez asumió el liderazgo del régimen chavista, mientras que Washington intensificó sus esfuerzos de comunicación con diversos actores tanto locales como internacionales para examinar posibles escenarios de transición, estabilidad y gobernabilidad en un país profundamente afectado por una prolongada crisis económica y social.
Asimismo, el encuentro con Machado forma parte de una redefinición de la política estadounidense hacia Venezuela. La figura opositora ha logrado consolidarse a lo largo de los años como una de las principales defensoras de los derechos humanos, así como una voz contundente que clama por la liberación de los presos políticos, una exigencia respaldada por organismos internacionales y gobiernos extranjeros. En las últimas semanas, Estados Unidos ha condicionado su postura hacia Caracas a avances tangibles en esta materia, aunque las liberaciones han sido limitadas.
Machado arribará a Washington tras haber llevado a cabo una intensa agenda internacional diseñada para obtener apoyo diplomático. Recientemente, mantuvo una audiencia con el papa León XIV en el Vaticano, donde expuso la situación crítica de los detenidos políticos y solicitó asistencia para aquellos que continúan privados de libertad sin las debidas garantías judiciales.
La relación entre Trump y la líder opositora ha sido objeto de un seguimiento riguroso desde el inicio de la crisis venezolana. Tras la captura de Maduro, el mandatario se mostró reticente a respaldarla públicamente como figura central en una eventual transición, enfatizando la necesidad de evaluar su papel en el nuevo contexto político. No obstante, posteriormente reconoció la relevancia de establecer un diálogo directo con ella para discutir su posible participación en el proceso de reorganización institucional en Venezuela.
El encuentro también se produce en un marco de revisión de la estrategia económica de Estados Unidos hacia Venezuela. Trump anunció recientemente la suspensión de una segunda fase de ataques, en respuesta a supuestas señales de cooperación por parte de Caracas y a la liberación parcial de presos políticos. En paralelo, la Casa Blanca está considerando alternativas para la reconstrucción del país, prestando especial atención al sector energético, aunque importantes compañías petroleras mantienen reservas debido a la falta de seguridad jurídica y a la persistente inestabilidad política.
Finalmente, Washington está evaluando el impacto regional que la crisis venezolana ha generado, lo cual ha dado lugar a una de las mayores corrientes migratorias del hemisferio. Mientras que países de América Latina y el Caribe continúan acogiendo a millones de venezolanos, Estados Unidos estudia mecanismos de cooperación regional para mitigar las consecuencias humanitarias y económicas derivadas del colapso del país.