La nueva película 'Barreda' examina el impacto del cuádruple femicidio y su contexto social en Argentina.
El nombre de Ricardo Barreda ha estado inextricablemente vinculado a uno de los episodios criminales más notorios y perturbadores de la historia argentina. Sin embargo, este caso ha propiciado una construcción social absurda, en la que un cuádruple asesino ha sido transformado en un antihéroe, objeto de burlas y, en ciertos círculos, un personaje de culto. Más de tres décadas tras el trágico suceso, abordar el crimen exige una perspectiva renovada, que no solo se pregunte quién fue Barreda, sino también quiénes fueron las cuatro mujeres que quedaron en la penumbra de su notoriedad.
La película titulada 'Barreda', recientemente estrenada en PrimeVideo, reconstruye el cuádruple femicidio perpetrado por este odontólogo contra su esposa, sus dos hijas y su suegra, así como el juicio que sacudió al país durante la década de los 90. Este filme se erige como un testimonio que busca iluminar las sombras de un evento profundamente doloroso en la memoria colectiva argentina.
Las víctimas de este atroz acto fueron Gladys McDonald, Elena Arreche, Cecilia y Adriana, cuyas identidades fueron eclipsadas durante años por el infame nombre de su asesino, quien se ha convertido en un personaje emblemático, aunque sombrío, de la cultura argentina contemporánea. Este es, sin duda, uno de los desafíos fundamentales que enfrenta la película: reconfigurar la narrativa en torno a este caso.
A lo largo de los años, Barreda ha sido convertido en un símbolo de la cultura popular, su figura asociada a chistes y a un merchandising que trivializa su acción criminal. Además, un comentario de su abogado se ha arraigado en el imaginario social: “Barreda hizo todo lo que un argentino sueña”, lo que revela la perversa fascinación que genera su figura.
Desde la óptica actual, tal construcción resulta aún más inquietante, no solo por el aumento de la conciencia social respecto a la violencia de género, sino también porque el sistema judicial ha incorporado la figura del femicidio como un agravante, algo que no existía en 1992. Este cambio permite una reevaluación más precisa del crimen en cuestión, dándole la seriedad que merece.
La película, por ende, actúa como un viaje temporal en múltiples dimensiones. En primer lugar, rescata la Argentina de los años 90, con su estética y sus códigos sociales, donde un cuádruple asesino podía ser percibido como un antihéroe. En segundo lugar, invita a una reflexión crítica sobre ese mismo acontecimiento desde la contemporaneidad, donde sería prácticamente inconcebible sostener la imagen de Barreda como una figura admirable.