La conmemoración de los 30 años de la muerte de Gilda destaca su influencia en la música y el fútbol argentino.
El impacto de Gilda trasciende la mera medición de su éxito en discos y canciones, ya que su legado se manifiesta de manera notable en los estadios de fútbol argentinos. El 7 de septiembre de 1996, su voz se extinguió, pero su esencia perdura en la mística popular, incluso en los lugares más inesperados.
El fatídico accidente que puso fin a su vida ocurrió en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, en la provincia de Entre Ríos, mientras la célebre cantante se dirigía hacia la ciudad de Chajarí para ofrecer un espectáculo. El vehículo en el que viajaba, junto a su equipo y familiares, fue colisionado frontalmente por un camión de carga que cambió de carril.
El impacto fue devastador, resultando en la destrucción total de la parte delantera del colectivo y provocando la muerte instantánea de siete personas, entre las cuales se encontraban Gilda, su madre Toti, su hija Mariel, tres de sus músicos y el chofer del transporte. Este incidente marcó un antes y un después en la historia de la música argentina.
Previo a su revolución en el género de la cumbia, Miriam Alejandra Bianchi, nombre de nacimiento de Gilda, se desempeñaba como maestra jardinera en el barrio porteño de Villa Devoto. Provenía de una familia apasionada por Vélez, y a pesar de que su apellido era Bianchi, no guardaba relación con el renombrado director técnico Carlos Bianchi. “No era muy futbolera, pero festejó con nosotros cuando Vélez ganó la Copa Intercontinental en 1994”, señaló su hijo Fabricio Cagnin en una entrevista concedida a C5N, siendo él el único sobreviviente de la tragedia familiar.
La trayectoria artística de Gilda fue un camino repleto de desafíos y obstáculos. “Su camino artístico fue muy difícil. Nadie le regaló nada, no tenía ni una llave: tuvo que romper puertas con su talento y su carisma, confiando muchísimo en ella”, recordó Fabricio sobre los inicios de su madre en la industria musical. Junto a Mariel, son el resultado del amor entre la artista y Raúl Cagnin, su exesposo.
Sin buscarlo, el legado vinculado a Vélez se convirtió en parte de un destino inevitable. En un momento de su carrera, Gilda cuestionó a su productor Toti Giménez: “¿Cuándo sabré que soy famosa?” A lo que él respondió: “El día que la hinchada de Boca cante tus canciones”. Este presagio resultó ser acertado, dado que su música no solo resonó en La Bombonera, sino que se expandió a todos los rincones del fútbol argentino.
Las canciones de Gilda, como “No me arrepiento de este amor” y “No es mi despedida”, se han convertido en verdaderos himnos de la afición argentina, sonando cada fin de semana en los estadios de fútbol. Su influencia en la cultura popular es indiscutible, en especial porque fue la primera mujer en irrumpir con fuerza en un ámbito que, hasta ese momento, era prácticamente dominado por hombres. En el último Mundial, la Selección adoptó su ritmo para alentar la ilusión de la cuarta estrella, demostrando que el espíritu de Gilda sigue vivo en el corazón de los argentinos.