Anna Nicole Smith, modelo y actriz de renombre, falleció en 2007 tras una vida llena de controversias y tragedias personales.
En la mañana del 8 de febrero de 2007, el personal del Seminole Hard Rock Hotel & Casino en Florida descubrió sin vida a Anna Nicole Smith, una figura emblemática que alcanzó la fama mundial a través de una trayectoria caracterizada por el ascenso fulgurante y la caída abrupta. La muerte de esta ex modelo y actriz marcó el cierre de una biografía repleta de escándalos legales, adicciones y tragedias personales que impactaron su vida y carrera.
Vickie Lynn Hogan, su nombre de nacimiento, vio la luz en Houston en 1967. La separación de sus padres cuando contaba apenas con dos años llevó a Anna a adoptar el apellido de su padrastro. Durante su juventud, residió en Mexia, Texas, donde abandonó sus estudios y comenzó a trabajar en un establecimiento de comida rápida. En este entorno, conoció a Billy Smith, con quien contrajo matrimonio en 1985 y tuvo su primer hijo, Daniel, al año siguiente. Sin embargo, la relación no prosperó, y aunque formalizaron su divorcio en 1993, Anna Nicole ya se encontraba criando a su hijo en solitario desde mucho antes.
Anna Nicole Smith en Playboy
La escasez económica llevó a Anna Nicole a trasladarse de nuevo a Houston junto a su hijo, en busca de mejores oportunidades laborales. Inicialmente, trabajó como cajera en Walmart y luego como camarera en Red Lobster, pero sus ingresos resultaban insuficientes. Un día, al confundir un bar con un club de striptease, fue convencida por el gerente para que se presentara como bailarina en topless. Posteriormente, ella recordaría: “Me fui mortificada, pero con 50 dólares en el bolsillo”. Desde ese instante, se convirtió en una de las bailarinas más destacadas de Houston, especialmente en el cabaret Gigi’s, donde llegó a ganar 200 dólares diarios. Parte de esos ingresos los invirtió en cirugías para aumentar su busto, lo que le provocó dolores crónicos de espalda debido al peso adicional y dependencia de analgésicos.
El anhelo de laborar en los clubes más exclusivos de la ciudad se vio obstaculizado, ya que los propietarios consideraban que su figura era “demasiado voluminoso”. En el club Rick’s, se le ofreció únicamente el turno del mediodía y un salario ínfimo, bajo la condición de que perdiera peso. Fue durante una de esas presentaciones, al compás de la canción Lady in Red de Chris de Burgh, cuando conoció a Howard Marshall, un empresario petrolero de Houston con una fortuna estimada en 500 millones de dólares.
En 1991, Howard Marshall, de 86 años, lidiaba con el duelo por la pérdida de su esposa y de una amante anterior, buscando consuelo en la compañía de la joven bailarina. Tras observar su actuación, la invitó a cenar y compartir momentos juntos. Marshall le ofreció la promesa de que no necesitaría volver