31/01/2026

La psicología detrás de cerrar la puerta al irse a dormir

El hábito de cerrar la puerta al dormir revela aspectos psicológicos sobre el bienestar y la seguridad personal.

Previo al momento de dormir, cada individuo establece una serie de rituales que simbolizan el cierre del día; estos rituales pueden incluir apagar las luces, revisar el dispositivo móvil por última vez o ajustar las almohadas. Entre estos gestos, uno de los más comunes es cerrar la puerta del dormitorio, un acto que, aunque pueda parecer trivial, según la psicología, es indicativo de aspectos más profundos de la psique humana.

Desde una perspectiva psicológica, la acción de cerrar la puerta al momento de dormir se relaciona con una necesidad de protección y contención. El dormitorio es considerado un espacio íntimo y seguro, y al cerrar la puerta se establece un límite simbólico entre el mundo exterior y el ámbito del descanso. Este comportamiento no necesariamente se origina en el miedo, sino en la búsqueda de tranquilidad mental.

Numerosos expertos sostienen que aquellas personas que optan por dormir con la puerta cerrada tienden a poseer una mayor conciencia de su entorno y valoran el control sobre los estímulos externos. Elementos como ruidos, luces, movimientos o interrupciones pueden perturbar el descanso, y al cerrar la puerta se erige una barrera que facilita la desconexión del día y favorece un sueño reparador.

Además, la psicología establece una correlación entre este hábito y aquellos individuos que requieren un estado de calma para lograr relajarse, particularmente tras jornadas intensas o estresantes. En este contexto, cerrar la puerta se convierte en un gesto simbólico que permite “cerrar la puerta” a las preocupaciones, responsabilidades y exigencias que persisten más allá de ese umbral.

En ciertos casos, este comportamiento puede estar asociado a experiencias pasadas. Personas que han enfrentado situaciones de estrés, cambios significativos o periodos de inestabilidad a menudo desarrollan rituales nocturnos que les proporcionan una sensación de orden y previsibilidad. Desde la óptica psicológica, estos hábitos no son intrínsecamente negativos, siempre que no se conviertan en conductas compulsivas o rígidas.

Asimismo, existe un componente de personalidad que influye en esta práctica. Aquellos que cierran la puerta antes de irse a dormir suelen ser más introspectivos, valoran su espacio personal y requieren momentos de silencio para recargar sus energías. Esta necesidad no implica necesariamente un comportamiento distante o solitario, sino una forma particular de cuidar su bienestar emocional.

Es pertinente señalar que la psicología matiza que no existe una única interpretación que se aplique de manera universal. La decisión de dormir con la puerta cerrada o abierta no define en su totalidad a una persona, sino que se presenta como un indicador dentro de un conjunto más amplio de hábitos y conductas que configuran su personalidad.