25/01/2026

Impacto de dormir con la televisión encendida en la salud mental

La psicología revela la conexión entre dormir con la televisión encendida y el bienestar emocional.

El hábito de dormir con la televisión encendida se ha convertido en una práctica común en numerosos hogares, lo que ha suscitado el interés de la psicología. Este comportamiento, que puede parecer trivial, es en realidad un indicador significativo del funcionamiento emocional y mental de un individuo. No se limita a ser un simple ruido de fondo, sino que implica necesidades subyacentes, mecanismos de defensa y estrategias para afrontar el silencio y la soledad.

Diversos enfoques en la psicología sugieren que los individuos que se duermen con la televisión encendida enfrentan una notable dificultad para desconectar la mente al finalizar el día. El sonido constante proporcionado por la televisión actúa como un distractor que impide la aparición de pensamientos intrusivos, preocupaciones o rumiaciones mentales. En este contexto, la televisión se comporta como una especie de anestesia emocional que facilita la transición hacia el sueño.

Un elemento recurrente en las explicaciones psicológicas es la intolerancia al silencio. Para un segmento de la población, la quietud nocturna amplifica la percepción de soledad o desencadena estados de ansiedad. Dormir con la televisión encendida puede generar una sensación de compañía simbólica, como si existiera una presencia humana en el entorno, lo que proporciona tranquilidad y seguridad.

Asimismo, este hábito se vincula frecuentemente con niveles elevados de estrés. Aquellos que atraviesan fases de alta exigencia laboral o emocional tienden a recurrir a la televisión como una forma automática de desconexión. La mente, ya saturada durante el día, encuentra en las imágenes y sonidos una vía rápida para bajar la guardia y relajarse, aunque este método de relajación no siempre sea el más saludable.

Desde la perspectiva de la psicología del sueño, se advierte que dormir con la televisión encendida puede comprometer la calidad del descanso, incluso si la persona percibe que duerme adecuadamente. La luz y los cambios de sonido pueden interferir en las fases profundas del sueño, lo que potencialmente provoca despertares nocturnos, cansancio al despertar o dificultades para concentrarse durante el día. Sin embargo, este hábito persiste, ya que el alivio emocional inmediato a menudo predomina sobre las posibles consecuencias a largo plazo.

Otro aspecto relevante radica en el componente emocional aprendido. Muchas personas que actualmente requieren dormirse con la televisión encendida han desarrollado este hábito en situaciones de vulnerabilidad, como mudanzas, rupturas, duelos o periodos de soledad. Con el tiempo, el cerebro asocia la televisión con sensaciones de calma y la transforma en un ritual nocturno complicado de abandonar.

Es fundamental señalar que no todos los individuos que duermen con la televisión encendida presentan problemas emocionales. En ciertos casos, se trata simplemente de una rutina automática. Sin embargo, cuando una persona experimenta ansiedad al intentar dormir en silencio o no logra conciliar el sueño sin la televisión, esto puede ser un indicativo de que existe una problemática subyacente que requiere atención.