La reciente derrota ante Boca Juniors reaviva las críticas hacia la dirección de Stefano Di Carlo y la transición del equipo bajo Eduardo Coudet.
El conjunto dirigido por Eduardo Coudet presentó un rendimiento deficiente, caracterizado por una falta de profundidad y la incapacidad de generar oportunidades claras de gol, lo que se tradujo en su primera derrota en el actual ciclo. Este resultado, además, se suma a la serie de fracasos en el Superclásico, un aspecto que no ha pasado desapercibido para la afición.
Este escenario adverso ha llevado a cuestionar nuevamente la administración actual del club. En un breve lapso de gestión, Di Carlo ha implementado decisiones controvertidas que suscitan debate. Una de las más significativas fue la prolongación del contrato de Marcelo Gallardo hasta noviembre de 2025, en un momento deportivo complicado y a escasos días de enfrentarse a Boca.
No obstante, el respaldo otorgado a Gallardo no logró alterar el desempeño del equipo en el campo, resultando en su eventual renuncia y concluyendo su ciclo sin títulos en esta etapa. Este contexto llevó a la dirigencia a seleccionar a Coudet como su sucesor.
El inicio del nuevo entrenador había generado expectativas positivas, con resultados favorables en los primeros encuentros, aunque la falta de solidez en el juego no logró convencer completamente. Esta ausencia de consistencia se evidenció en su primer gran desafío.
La derrota ante Boca no solo interrumpió una racha de resultados positivos, sino que también puso de manifiesto las limitaciones del plantel y la incapacidad del equipo para responder ante un oponente de alta jerarquía.
En consecuencia, River Plate se encuentra en una fase de transición, con decisiones recientes que aún no se traducen en resultados positivos. El futuro del proyecto dependerá de su capacidad para consolidarse o si, por el contrario, las incertidumbres que rodean su gestión se intensifican en un entorno cada vez más exigente.