El equipo parisino logró el título tras una dramática definición desde el punto penal en la Supercopa de Francia.
A tan solo trece minutos de iniciado el encuentro, Ousmane Dembélé capitalizó una desatención defensiva del Olympique de Marsella, penetrando desde la banda derecha y ejecutando una definición precisa que permitió al Paris Saint-Germain abrir el marcador, desatando así el festejo de los aficionados parisinos. A lo largo de la primera parte, el conjunto dirigido por Luis Enrique mantuvo el control del ritmo del partido, aunque no logró incrementar la ventaja antes del descanso.
En el segundo tiempo, el Olympique de Marsella mostró una determinación renovada, comenzando a dominar territorialmente el juego. Con un impulso notable, el equipo marsellés comenzó a crear oportunidades y a presionar al PSG, lo que resultó en un penal convertido por Mason Greenwood a los 76 minutos, igualando así el marcador 1-1. Este gol generó un envión anímico significativo que llevó al Marsella a marcar un segundo tanto apenas once minutos después, cuando un centro peligroso terminó en un desafortunado desvío en propia puerta de Willian Pacho, estableciendo el 2-1 para el equipo local.
Cuando parecía que el título podría decantarse a favor del Olympique, el PSG demostró su jerarquía y carácter en los momentos finales. En el tiempo de descuento, a los 90+5 minutos, Gonçalo Ramos se posicionó en el área rival y, tras un envío preciso, logró marcar el gol del empate 2-2, llevando el enfrentamiento a la definición desde los doce pasos en un contexto de elevada tensión y dramatismo.
Durante la serie de penales, el Paris Saint-Germain mostró una eficacia notable, mientras que el Marsella experimentó la presión del momento. Désiré Doué abrió la serie con un remate seguro, seguido por Nuno Mendes, quien amplió la ventaja con otro disparo certero. Por su parte, Michael Murillo fue el único que logró convertir para el Marsella, manteniendo una ligera esperanza. Sin embargo, Vítor Ferreira estiró la diferencia para el PSG, dejando la serie 3-1 y colocando al equipo en una situación favorable.
El momento decisivo se presentó cuando Hamed Traorè falló su penalti para el Olympique, lo que otorgó al PSG una oportunidad crucial para cerrar el encuentro. Gonçalo Ramos, nuevamente en el centro de la acción, asumió la responsabilidad del último penal y con un remate firme selló el resultado final 4-1 en la tanda, consagrando al Paris Saint-Germain como campeón de la Supercopa de Francia.